lunes, septiembre 29, 2014

¿Control Ciudadano del Municipio?

En Chile, la administración comunal recae en la Municipalidad. Esta institución debe preocuparse de satisfacer las necesidades de la comunidad local y de asegurar su participación en el progreso económico, social y cultural de la comuna.
Ciertamente el municipio tiene una serie de responsabilidades en el territorio que administra.  Y una labor importante de fiscalización de estas responsabilidades la realizan los concejales, que según la norma[1] les corresponde: “Fiscalizar el cumplimiento de los planes y programas de inversión municipales y la ejecución del presupuesto municipal, analizar el registro público mensual de gastos detallados que lleva la Dirección de Administración y Finanzas…”, como también “Fiscalizar las actuaciones del alcalde y formularle las observaciones que le merezcan”.
Uno puede hacerse la pregunta si esa fiscalización realizada por los concejales corresponde a un control social. La respuesta es rotundamente no. El control social proviene desde los grupos intermedios, proviene desde la ciudadanía, y los concejales no son parte de la sociedad civil. Los concejales son parte de la institución.
En términos generales los espacios formales que tienen la sociedad civil para ejercer un control social son dos:
– El Consejo Comunal de Organizaciones de la Sociedad Civil (COSOC), organismo que tiene un nivel de participación consultivo y que no toma decisiones vinculantes.
– Transparencia activa (junto a la solicitud de información), que es un espacio importante pero que solamente alcanza a niveles de participación consultiva con respuesta obligatoria.
Los espacios de control social a nivel local son bastante acotados, por tanto se requiere aprovechar los espacios existentes y fortalecerlos: El COSOC no debiese estar supeditado al alcalde (parece un despropósito que actualmente sea el alcalde quien presida el COSOC) de turno, sino que debiese tener una autonomía que le permita fiscalizar a la administración comunal, y no tan sólo pronunciarse respecto a temas específicos que la ley le permite. ¿Por qué no imaginar un COSOC que tenga la facultad de convocar a un plebiscito comunal para obtener un pronunciamiento ciudadano claro respecto a una decisión específica que tenga impacto a nivel comunal?
Se debe fomentar el control ciudadano, ya que el control ejercido desde los concejales queda sujeto a la relación de estos con el alcalde o alcaldesa. Sólo por dar un ejemplo: ¿Cómo confiar en un la fiscalización de un concejal “x” si durante la campaña municipal se dedicó a aparecer en afiches junto al que en ese tiempo era candidato(a) a alcalde(sa)?
El llamado entonces es a ejercer el control social sobre las autoridades locales (Alcaldes y Concejales) y pedirles explicaciones de sus acciones u omisiones.
¿Está Ud. dispuesto(a) a dedicar tiempo para fiscalizar su Municipio?
[1] Artículo 79, letras c) y d), Ley Orgánica de Municipalidades.

Participación Ciudadana: Tips para Congresistas

La campaña de los aspirantes al Congreso ha llegado a su fin. Candidatos y candidatas  han sido elegidos por la ciudadanía para representar sus intereses, prioridades y necesidades en el Congreso Nacional. Se acaba entonces la oferta y comienza el cumplimiento de lo ofrecido.
Todo el esfuerzo de las candidaturas para lograr la votación necesaria, se transforma en un esfuerzo por convertirse en representantes de calidad, proactivos y que integran a la ciudadanía en su trabajo parlamentario.
Y se viene un desafío interesante para los congresistas: ¿Cómo integrar de manera efectiva a la ciudadanía en su labor parlamentaria?
A juicio del autor, los congresistas que pretenden comprometerse con la participación ciudadana en su labor parlamentaria debiesen tomar en consideración, como mínimo, las tres siguientes sugerencias:
1. El congresista es una persona, no una deidad: Suele darse con bastante frecuencia que los congresistas desarrollan su actividad parlamentaria de una manera excesivamente vertical, presentándose ante la ciudadanía como el “solucionador de problemas”. La participación ciudadana implica que la autoridad se acerque a la ciudadanía a través de una gestión más horizontal, buscando un diagnóstico conjunto y una definición conjunta de posibles soluciones.
Un ejemplo simbólico, es esa larga tradición de las autoridades de “apadrinar” organizaciones de la sociedad civil (clubes deportivos, clubes de adultos mayores, centros de madres, entre otros). Ese pequeño gesto convierte a una autoridad en alguien distinto, en alguien superior que cuida a la organización social “desde arriba”.
2. La participación ciudadana no es enjuague bucal: Los actores políticos actualmente presentan casi en su totalidad un discurso favorable hacia la participación ciudadana. Sin embargo este discurso no se condice con acciones concretas que favorezcan la participación de la ciudadanía en la gestión del parlamentario.
Debe existir un compromiso real con la participación ciudadana, entendiendo que esta participación va a implicar entrega de espacios de decisión (poder) a los ciudadanos.
Llevando el párrafo anterior a niveles extremos, pregunto: ¿Algún Congresista estaría dispuesto a dejar que sus representados decidan cómo debe votar el un proyecto de ley en sala?
3. Organizar visitas al Congreso en Valparaíso no es participación ciudadana: Ligado con el punto anterior, se hace necesaria la elaboración, la aplicación y el seguimiento de metodologías de participación ciudadana en la gestión parlamentaria. Partiendo de instancias de información unidireccional (transparencia activa), pasando por espacios de participación que permitan la existencia de feedback entre la ciudadanía y el congresista (reuniones con ciudadanos donde se expliquen y logren consensuar posiciones respecto a temas legislativos), y llegando a niveles de participación que impliquen acciones concretas de decisión y control social (voto online, iniciativas de ley que provengan de los ciudadanos y en el que el congresista se transforma en un canal de entrega de las iniciativas al legislativo).
Esta elaboración de metodologías permitirá transparentar la gestión del congresista respecto a su voluntad para con la participación ciudadana. Además posibilitará la evaluación concreta de las instancias de participación creadas, buscando su permanente mejora.

lunes, julio 29, 2013

Unidades Vecinales: Las amigas olvidadas de la Planificación Local

El desarrollo de una comuna depende de diversos factores. Uno de ellos es realizar una acertada toma de decisiones sobre las políticas públicas que se aplican en un territorio, focalizando correctamente los recursos.

Igual de importante es que se facilite la participación ciudadana, entendiendo que la democracia participativa permite mejores diagnósticos del territorio y mejores decisiones compartidas entre la autoridad y la sociedad civil.

Las comunas de Chile, por su extensión territorial, su heterogeneidad poblacional y paisajística, entre otros factores, requieren de un diagnóstico a una escala pequeña, que mejore la eficiencia y la eficacia de la gestión local y de las instancias de democracia participativa.

Para esto la normativa contempla la creación de Unidades Vecinales.

Las municipalidades, para el cumplimiento de sus funciones presentan una serie de atribuciones esenciales definidas por ley. Una de estas atribuciones esenciales se expresa en el Artículo Nº 5, letra j) de la Ley Orgánica de Municipalidades: “Establecer, en el ámbito de las comunas o agrupación de comunas, territorios denominados unidades vecinales, con el objeto de propender a un desarrollo equilibrado y a una adecuada canalización de la participación ciudadana”.

La ley 19.418, sobre Juntas de Vecinos y demás organizaciones comunitarias, en su artículo Nº2, letra a), define a la Unidad Vecinal como “El territorio, determinado en conformidad con esta ley, en que se subdividen las comunas, para efectos de descentralizar asuntos comunales y promover la participación ciudadana y la gestión comunitaria, y en el cual se constituyen y desarrollan sus funciones las juntas de vecinos.”

La misma ley, en su artículo Nº 38 indica que la definición de las Unidades Vecinales serán determinadas por el Alcalde, “de propia iniciativa o a petición de las juntas de vecinos o de los vecinos interesados, con el acuerdo del Concejo y oyendo al Consejo Económico y Social Comunal”.
En este mismo artículo se agrega que el Alcalde “procurará que el número de ellas (Unidades Vecinales) permita la más amplia participación de los vecinos, con el fin de facilitar una fluida relación entre las organizaciones comunitarias y el municipio”.

La pregunta que cada municipio debe realizarse es ¿Con las actuales Unidades Vecinales, estamos efectivamente propendiendo el desarrollo equilibrado y canalizando la participación ciudadana a nivel local?
 
Las actuales Unidades Vecinales que existen en cada comuna, en el momento que se definieron, probablemente sí cumplían con los objetivos definidos en la ley. Pero se debe poner especial atención respecto a que los territorios son dinámicos y sufren modificaciones durante el tiempo. Por tanto las Unidades Vecinales debiesen estar en constante revisión por parte del municipio y de la sociedad civil.

La ley, tal como lo hemos visto, efectivamente define lo que es una Unidad Vecinal, indica quien es el encargado de definirlas y cuáles son sus objetivos que debe buscar. El problema principal es que la ley no establece una metodología a utilizar por parte de las municipalidades para definir Unidades Vecinales de manera correcta y por tanto, cumplir con los objetivos indicados en la ley.

Los únicos criterios para conformar Unidades Vecinales que se entregan desde la norma, corresponde a lo presentado en el artículo Nº 38 de la ley 19.418 sobre Juntas de Vecinos. Allí se indica que para definir Unidades Vecinales se “tendrá en cuenta la continuidad física, la similitud de intereses y otros factores que constituyan el fundamento natural de agrupación de los vecinos”. Estos criterios son bastante pobres, no siendo de ayuda en el complejo proceso técnico-político de definición de Unidades Vecinales.

Los municipios se enfrentan a un gran problema. Deben definir Unidades Vecinales, pero no se les explica la metodología para hacerlo. Tenemos entonces en la actualidad tantos criterios para crear Unidades Vecinales, como comunas hay en Chile.

viernes, febrero 22, 2013

Los planes de desarrollo comunal se llenan de polvo en Chile

En Chile los municipios tienen como atribución privativa, según el artículo Nº 3 de la Ley Orgánica de Municipalidades, “Elaborar, aprobar y modificar el Plan Comunal de Desarrollo”. Además, el artículo Nº 5 de la misma ley indica que dentro de las funciones esenciales de los municipios está “Ejecutar el Plan Comunal de Desarrollo y los programas necesarios para su cumplimiento”. De lo anterior se desprende que sólo los municipios pueden elaborar un PLADECO y que es labor de estos el llevarlos cabo.
Ahora bien, para la gestión del territorio el artículo Nº 6 de la citada ley indica que los municipios deben contar como mínimo con tres instrumentos, explicitándose que uno de ellos es el Plan Comunal de Desarrollo. Por tanto, se desprende que el PLADECO es un instrumento obligatorio para todos los municipios de Chile, en cuanto a su existencia.

A pesar de la relevancia que se manifiesta en la ley, el PLADECO en la realidad no es más que un instrumento indicativo para la administración comunal. No hay un sentimiento de obligatoriedad por parte de la autoridad comunal en la ejecución de los planes, programas y proyectos que en él se indican.

Básicamente, este sentimiento de “no obligación” para cumplir con lo indicado en el PLADECO se basa en al menos 4 puntos:

1.El PLADECO implica pensar la comuna en el mediano y largo plazo, plasmando una visión de desarrollo que trasciende a la autoridad de turno. El PLADECO entonces entra en conflicto con la mirada de corto plazo que predomina en las administraciones comunales chilenas. La consecuencia: Desinterés por utilizar el PLADECO.

2.Generalmente el proceso de elaboración de un PLADECO no presenta un fuerte componente de participación ciudadana. Más bien la ciudadanía es utilizada como un actor legitimador del instrumento. Lo anterior produce que el proceso de elaboración del PLADECO se dé más bien a un nivel técnico, obviándose la visión ciudadana. La consecuencia: Alejamiento del ciudadano con la forma de elaborar el instrumento.

3.No existe presión por parte de los actores sociales locales para hacer cumplir el PLADECO. Probablemente por no considerarlo fruto del trabajo consensuado de los actores locales, o bien producto del desconocimiento del instrumento en sí, o más importante aún por la inexistencia de instancias de Control Social del PLADECO. La consecuencia: Indiferencia por un instrumento que no consideran propio.

4.Los Concejales no demuestran mayor interés por presionar a la autoridad, aun existiendo en la ley herramientas para ello. La ley Orgánica de Municipalidades en su artículo Nº 79 dice que el Concejo Municipal tiene como una de sus funciones la de supervisar el cumplimiento del Plan Comunal de Desarrollo. Incluso este Concejo puede disponer la contratación de una auditoría externa que evalúe la ejecución del Plan de Desarrollo (Artículo Nº 80). La consecuencia: No hay control sobre el PLADECO por parte de quienes debiesen llevarlo.

Al no existir mayor interés en el PLADECO, este instrumento se convierte sólo en una declaración de buenas intenciones, que queda escondido al final de un cajón en alguna oficina, cumpliendo la función de juntar polvo. Ese mismo polvo termina por enterrar una gran oportunidad para el desarrollo de las comunas de Chile.

Publicado en Elquintopoder.cl:  http://www.elquintopoder.cl/ciudad/los-planes-de-desarrollo-comunal-se-llenan-de-polvo-en-chile/
Publicado en El Ciudadano: http://www.elciudadano.cl/2012/12/04/60974/los-planes-de-desarrollo-comunal-se-llenan-de-polvo-en-chile/

jueves, noviembre 29, 2012

Una candidatura que elimina propaganda del competidor, le falla al ciudadano

Finalizada la vorágine de las elecciones municipales, todo comienza aparentemente a volver a un estado de menor efervescencia política.
Permítanme entonces una reflexión…

En períodos de campaña suelen darse enfrentamientos entre adherentes, visibles fundamentalmente a través redes sociales, pero también observables en las calles de cada comuna. No es aislada la existencia de enfrentamientos entre comandos opositores que se disputan espacios para ubicar sus afiches de campaña.

Pero lo que llama la atención es que los comandos de campaña no solo se preocupan de instalar propaganda propia, sino que hay una preocupación especial en hacer desaparecer, romper o ridiculizar los afiches de campaña de las candidaturas opositoras. Y hablemos claro, esta práctica es generalizada y sistemática. Los afiches rotos, los panfletos anónimos, entre otras cosas, no proliferan producto de la teoría de la generación espontánea. Estas prácticas ocurren comúnmente y como ciudadanos lo sabemos.

En términos prácticos, lo que una candidatura busca al dedicarse a romper propaganda ajena es invisibilizar a las demás candidaturas, intentando monopolizar la publicidad en un territorio. Ese monopolio de la propaganda genera un daño enorme a la ciudadanía, entendiendo que la decisión de votar debe ser consecuencia de un proceso de información respecto a alternativas de oferta.

Para entender el costo de oportunidad de nuestra decisión, debemos tener claridad respecto a las alternativas existentes. Si el ciudadano no conoce las alternativas, no podrá dimensionar cuál es el costo de oportunidad de elegir a un candidato. De aquí nace una pregunta: ¿No será que las candidaturas buscan que la ciudadanía no conozca el costo de oportunidad de votarles y para eso buscan invisibilizar a sus contendores?

Para que la oferta política sea conocida por la ciudadanía, la propaganda en una elección debería ser igual para todos los candidatos competidores (igualdad de propaganda en términos de cantidad de ella). Lo anterior bajo la lógica de que el ciudadano debe tener igual acceso a la información de la oferta de candidatos y programas.

Por tanto, ese acto tan mínimo de invisibilizar al oponente, lejos de hacer un favor a su propio candidato, está realizando una acción profundamente antidemocrática, pues le niega al ciudadano el derecho de informarse de las opciones que tiene y del costo de oportunidad que deberá asumir al momento de sufragar por una candidatura.

Álvaro Jorquera Mora
@jorqueramora


sábado, septiembre 22, 2012

¡Y vueeeltaaa a ser elegido! ¿Paremos la cueca?

Hace algunos días nos enteramos de que la Cámara de Diputados, por amplia mayoría, aprobó en general la reforma constitucional que pone límite a la reelección de diputados y senadores. En concreto, lo aprobado corresponde a lo siguiente: los diputados podrán repostularse en dos ocasiones, con un máximo de 12 años de ejercicio, mientras los Senadores podrán repostularse  sólo una vez, totalizando 16 años como máximo.
Sin duda se avanza en la dirección correcta, dando la posibilidad para la llegada de nuevas personas (ideas) al Congreso Nacional. Pero también es bueno dejar constancia de que esta medida es una condición necesaria pero no suficiente para renovar la política y mejorar la imagen de ésta frente a los ciudadanos.
Sólo por nombrar otra temáticas donde debiese avanzarse en un futuro próximo: reemplazar el sistema binominal por otro sistema más representativo, elegir directamente a Intendentes y COREs y regular el financiamiento de la política.
Pero volvamos al límite de reelecciones. En la cámara de diputados se seguirá discutiendo respecto de esta reforma, pasando posteriormente al Senado. Ya veremos si esta operación por mejorar la imagen de los políticos llega a buen puerto.
Sólo con la intención de aportara la discusión, quisiera poner sobre la mesa un par de ideas que en primera instancia pudieran parecer una posición extrema dentro de la temática en cuestión.
Primero que todo: no a la reelección. Se ve con bastante temor el siquiera pensar en la posibilidad de prohibir la reelección inmediata, ya que al ser elegido un congresista, dejaría de tener alguna motivación por cumplir correctamente su cargo, debido a que no habría presión de someterse al escrutinio público en una próxima elección. Además, al no existir reelección, nos encontraríamos en cada período con congresistas faltos de experiencia, convirtiendo al Congreso en una institución ineficiente.
Ser elegido congresista es por sí mismo un motivo de responsabilidad que debiese ejercerse con la misma seriedad teniendo o no teniendo posibilidad de reelegirse. Pensar que la única motivación de llegar a un puesto es ser reelegido en éste a través de los años, da para preocuparse.
Pero por un momento pensemos en esa posibilidad: los congresistas que no tienen chance de reelegirse no están motivados en realizar bien su trabajo legislativo. Propongo entonces la creación de la posibilidad de revocar de su cargo a los senadores y diputados al cumplir la mitad de su período, si la ciudadanía a la cual representa lo estima conveniente a través de presentación de firmas de un porcentaje determinado de ciudadanos. La idea principal aquí es el fortalecimiento del control social, concepto fundamental para asegurar que los congresistas asuman seriamente su ejercicio legislativo.
Pensemos ahora en el segundo argumento: al no existir reelección, en cada período nos encontraríamos con una Cámara de Diputados y con un Senado lleno de miembros neófitos, sin mayor conocimiento ni experiencia en el tema legislativo, convirtiendo al Congreso en una institución ineficiente, lenta e incapaz de cumplir con sus objetivos. No deja de tener razón esta postura, ya que como ciudadanos esperamos que al menos el Congreso se ocupe eficientemente de su principal labor: legislar.
Para evitar Congresos ineficientes por la llegada masiva de nuevos legisladores, propongo que la cámara de diputados y el Senado sean renovados en la mitad de sus integrantes, dejando entonces en ejercicio a la otra mitad que ya conoce el trabajo legislativo. De esta forma se minimiza la posibilidad de encontrarnos con un Congreso ineficiente por la condición neófita de sus integrantes. Esta renovación parcial ocurre actualmente en el Senado.
En resumen, se propone en este texto la imposibilidad de reelección, la renovación de los congresistas en un50% en cada elección y la posibilidad de revocar (reafirmar) a los congresistas al cumplir la mitad de su período, si los ciudadanos así lo estiman necesario.
Cuando existe voluntad de verdad de renovar la política, entonces las dificultades deben entenderse como desafíos para sortear, como oportunidades para discutir, y finalmente como la instancia para plantear soluciones.

*Publicado también en Elquintopoder.cl :  http://www.elquintopoder.cl/politica/y-vueeeltaaa-a-ser-elegido-paremos-la-cueca/
 Publicado en El Ciudadano: http://www.elciudadano.cl/2012/09/22/57400/y-vueeeltaaa-a-ser-elegido-paremos-la-cueca/

La Historia del ciudadano informado

En algún lugar de Chile y en una fecha que no recuerdo, un ciudadano informado se aprestaba a votar en unas elecciones municipales. El día de la elección era el momento cúlmine de todo su proceso de averiguación, de recopilación de información respecto de las candidaturas que se presentaban a la elección.
Desde hace ya más de un mes, el ciudadano informado se había dado el trabajo de conocer cada una de las propuestas de los candidatos, tratando de identificar si existía una historia común entre la candidatura y la comuna.
Hizo el esfuerzo de comunicarse con cada candidatura y evaluó el interés mostrado hacia sus consultas. Una de las preguntas que les realizó fue respecto de la motivación que tenían para ser candidatos. ¿Le interesa aplicar programas efectivos en el corto plazo y de poco efecto en el largo plazo? ¿Le preocupa realmente una planificación para el desarrollo comunal, aunque esto implique no tener resultados inmediatos?
El ciudadano informado trató de escuchar discursos y leer columnas escritas por los candidatos, buscando identificar a quienes mostraban una imagen paternalista y a quienes mostraban una actitud más horizontal, más cercana al empoderamiento ciudadano. Y este ciudadano no se quedó allí: se preocupó por ver si la forma de hacer campaña de cada candidatura en la comuna había sido utilizando estrategias innovadoras, o si acaso mantenían la antigua estrategia del rayado de murallas, lanzamiento de panfletos e invasión de carteles. Para el ciudadano informado el valor del respeto con la limpieza, el orden y la belleza de la ciudad era fundamental.
Contextualizó los discursos. Intentó ver por qué había candidaturas que casi de manera automática encontraban erradas todas las decisiones del actual alcalde. Pero también fue duro en su análisis cuando el alcalde comenzó a realizar enormes inversiones desde los últimos nueves meses antes de la elección.
El ciudadano informado se dio cuenta de que una linda foto y un eslogan llamativo, por sí mismos, no hacen gobierno local. Se sintió muy molesto cuando notó que existían candidaturas que privilegiaban la imagen por sobre las ideas, y responsabilizó al marketing político de esta tendencia creciente en Chile.
Ese día de la elección, el ciudadano informado estaba contento. Sentía que mientras marcaba su preferencia, lo hacía con total responsabilidad y pensando en el bien de su comuna. Depositó el voto en la urna, mientras esbozaba una sonrisa.
Terminado su deber cívico, el ciudadano informado salió del local de votación y de casualidad se encontró con su gran amigo, el ciudadano desinformado. Se dieron un gran abrazo. El ciudadano informado le preguntó si acaso iba en dirección a votar. “¡Pero claro! – respondió el desinformado- tengo que ir a votar, porque si gana mi candidato me aseguro un buen trabajo en la municipalidad”.
El ciudadano informado comprendió que se estaba quedando sólo.

* Publicado en elquintopoder.cl : http://www.elquintopoder.cl/politica/la-historia-del-ciudadano-informado/ 
Publicado en "El Ciudadano": http://www.elciudadano.cl/2012/08/16/55958/la-historia-del-ciudadano-informado/

Congresista querido, ¿querrá usted representarnos?

Ya no resulta sorprendente que las encuestas muestren altos niveles de rechazo al Congreso Nacional. Este fenómeno ha venido intensificándose desde hace dos años. En la encuesta Adimark de abril de 2010, la Cámara de Diputados mostraba un nivel de aprobación del 43% y de desaprobación de un 37%, y para junio de 2012 Adimark nos muestra un nivel de aprobación de un 17% y desaprobación del 73%. El Senado presenta un comportamiento similar al descrito.
Observamos, además, ya casi sin capacidad de asombro, como las discusiones en el congreso presentan una desconexión preocupante con las demandas ciudadanas, se habla de una crisis de representatividad en el Congreso Nacional.
En términos simples, cuando hablamos de representación, debemos pensar en una ciudadanía que entrega su poder a una persona “x” para que interprete y represente sus posturas en el mundo legislativo. Hasta ahí todo está bien.
No obstante, para que alguien nos represente, además se requiere que este representante conozca cuáles son nuestras opiniones respecto a las temáticas que se están tratando y luego exponerlas en las discusiones legislativas. Si esto no ocurre, entonces sólo estamos entregando nuestro poder a una persona sin generar una relación posterior. Estaríamos sólo en un sistema de democracia delegativa.
La representatividad requiere un constante flujo de opiniones entre representantes y representados, sobre los temas que se están discutiendo en el Congreso Nacional (y por favor, no nos vengan con que en las jornadas distritales eso es lo quese hace).
Lamentablemente, la representación no se está logrando, quizás producto del tratamiento “amateur” que se le da al acto mismo de la representación. Sin embargo es posible pensar en  metodologías que permitan recoger información relevante por parte de los parlamentarios en sus distritos y circunscripciones que aporten a mejorar el proceso de representación y alejarse de la simple delegación de poder.
Elaboración de encuestas, sistemas de votación on-line, mesas de trabajo, focus group. Existen muchas opciones. Pero lo importante es que realmente exista una correspondenciaentre la opinión ciudadana de un territorio y las argumentaciones (y votaciones) que realiza un determinado congresista.
Lo principal, a juicio de quien escribe, es terminar con las votaciones por “órdenes de partido”, ya que eso anula toda posibilidad de discusión ciudadana, elimina toda posibilidad de representatividad de los territorios y fomenta el poder de las elites políticas.
Pero ojo, todas estas metodologías que puedan recoger la opinión ciudadana deben ser pensadas con el fin de mejorar la participación y no pensadas para instrumentalizar a la ciudadanía, legitimando posturas predefinidas por el congresista. De ahí que la transparencia en la elaboración y aplicación de estas metodologías resulte fundamental.
Para finalizar, le recomiendo que haga el ejercicio de preguntarle a su representante en el poder legislativo qué metodología utiliza él o ella para recoger las opiniones ciudadanas sobre los temas que se están viendo en el Congreso. Pregúntele también si es posible acceder a los resultados de la aplicación de esas metodologías, consúltele cuánta gente participa en esas jornadas de discusión y aproveche de interrogarlo si acaso realiza sondeos en el territorio que le permitan orientarse al momento de votar en las sesiones del Congreso.

*Artículo publicado en Elquintopoder.cl :  http://www.elquintopoder.cl/politica/congresista-querido-querra-usted-representarnos/ en El Ciudadano: http://www.elciudadano.cl/2012/07/08/54688/congresista-querido-querra-usted-representarnos/